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Carlos Javier García, convertido en un hombre de valor

Por Cristina García

Periodista, político y grazalemeño. Tres conceptos unidos que se traducen en un mismo principio: la nobleza. Originario de Ronda. Alcalde a sus 35 años. Un entusiasta de la comunicación que decide darle un giro a su vida y emprender un nuevo camino.

Carlos (may.2016)5 Francisco Moreno.jpgLas cosas nunca son lo que parecen ser. Así que, no se lleven a engaño. Aunque resulte aparentemente desenvuelto, desenfadado y locuaz, Carlos J. García, esconde una enorme timidez que no todos conocen. “El día que le dije a la gente del pueblo que quería presentarme para ser alcalde, probablemente, haya sido uno de los días en los que más vergüenza haya pasado en mi vida. Se repartieron unas cartas por el pueblo y me pasé todo el día encerrado”. A veces pasa que, a quienes están en esto de la comunicación o tienen algo que ver con la política, se les presupone una manera de ser que, en muchas ocasiones, no tiene nada que ver con la realidad. Intrepidez y coraje que se gana con la madurez que otorga el paso del tiempo y la obligación de enfrentarse a situaciones que se tienen que sacar adelante. “Me ha dado apuro desde leer unos titulares en la radio con el corazón a punto de salírseme, hasta ponerme al frente de una cámara para hacer un informativo”.

Construyendo sus principios bajo un consejo especial, recuerda emocionado: “A mí hay alguien que me dijo: cada vez que tomes algún tipo de decisión vital y, no solo de cara al público, que tu estés contigo mismo tranquilo, contento y que sientas honestidad en cada cosa que hagas. Pregúntate el por qué tomas cada decisión y si hay algún tipo de decisión que pudiera ser más correcta”. Probablemente, esta haya sido la clave que le ha permitido conseguir lo que el gran físico Einstein, predicaba: “Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor”.

Su carácter empático y su predilección por lo humano, marcarían su futuro. Recuerda que fue en el año 89, cuando aún no tenía ocho años, cuando llega a su casa una carta en la que el Ayuntamiento de entonces, comunicaba que iba a abrir una radio en el pueblo. Animado por Doña Virtudes, la entonces directora del colegio de Grazalema, participa en la radio leyendo una poesía con la que había ganado el primer premio por el día del Medio Ambiente y, se quedó.

Recuerda con nostalgia sus comienzos en la emisora local, entre cuentos de niños, canciones e historias inventadas pero, sobre todo, entre amigos. “El periodismo ha sido siempre mi vida y lo sigue siendo, a fecha de hoy”. Sirviéndose de la capacidad que otorga esta profesión de ejercer como altavoz y dar voz a quienes, quizá, no la tienen, contando historias. Historias que no tienen por qué ser demasiado complejas. Hizo del periodismo local su campo, ejerciendo en Grazalema, Ronda y Sevilla. Lugares que tienen núcleos de población, muy distintos pero, al final: “el periodismo local es muy parecido en todos los lugares”.

Carlos, ‘el de la radio’. Conocido así en el pueblo que le ha visto crecer o, como poco, por muchos de sus habitantes. Seudónimo que refleja que, para él, la radio ha sido siempre su soporte favorito. “Empecé en la radio y, después de pasar por la radio escribí en prensa, que no me gustaba nada, pero encontré en ella también, un sitio extraordinario. Aun así, la radio para mí es mi medio, en el que me siento mucho más cómodo que en ningún otro”.

Cierta nostalgia revelaron sus ojos cuando se encontró ante la situación de tener que elegir qué trabajo, durante su trayectoria profesional como periodista, le ha otorgado mayor satisfacción a nivel personal. El silencio se adueñó del despacho del alcalde y, tras unos minutos de idas y venidas entre recuerdos, el hasta entonces periodista, contaba: “estaba entonces en Sevilla, en Radio Nacional. Hubo que hacer una entrevista sobre un tema complejo. Estábamos hablando de un tema judicial en un pueblo que acabó dividido por el tema tan profundo que separaba a unos padres, que estaban jugándose la custodia de unos hijos. Hubo una parte del pueblo que se encerró en un local público, otra parte del pueblo que protestaba… Quizá aquello me marcó por una falta total de experiencia. Entonces, yo tenía 22 años y a mí, aquello se me hizo extraordinariamente grande”. Acto seguido, el tono de su voz cambió: “te voy a contar otra historia porque es una de esas historias que no se cuentan nunca”. Se percibía satisfacción y orgullo. El regocijo que siente un periodista cuando es testigo directo de algo que sabe que está ahí, pero que no se ha contado. Algo que, llegado el momento oportuno, se decide sacar a la luz y que tú seas su voz. “Estaba trabajando en Ronda y, en aquel entonces, se estaba investigando mucho en los vestigios romanos que quedaban en toda aquella zona. Siempre se dijo que, Acinipo -la vieja ciudad de Ronda- acuñaba monedas como ciudad de una entidad algo importante, y que en ellas, aparecía un racimo de uvas. El arqueólogo que trabajaba para el Ayuntamiento de Ronda, con el que yo había mantenido alguna que otra conversación, me quiso contar un hallazgo: habían encontrado en una bodega, los primeros vestigios que se habían encontrado en toda la comarca y, probablemente, en la provincia, de un viejo legado romano dónde había determinados buzos agrícolas y las primeras evidencias de producción de vino. Éramos muchos los periodistas que trabajábamos allí en aquel momento y, no sé si quizás por ese sentido entusiasta que tengo hacia lo humano, me eligió a mí, confió en mí para que diéramos testimonio de aquello a través de la prensa”.

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La honestidad por bandera. Y es que, la autocensura existe, en mayor o menor medida, en todos lados. No es que nadie te convenza de nada. Es que, cuando te sumes en una realidad, tú mismo te crees esa historia. “No me he sometido a ningún medio pero, probablemente pueda haber algunas cosas, no de las que me arrepienta, pero sí que se podrían haber tratado con algún otro espíritu”. Convencido de que la objetividad la otorga el tiempo y la distancia y orgulloso de haber sido capaz de no permitir determinadas cuestiones, responde de la manera más honesta posible: “No he pasado por determinadas historias, me han querido obligar a firmar cuestiones con las que no estaba de acuerdo y mi firma nunca apareció”. Una forma de entender la vida que es la única que permite estar a la altura del ejercicio de la responsabilidad social. “No me aferro a ningún discurso que pueda parecer demagógico, populista… el pueblo ha tenido voz siempre y, desde luego, la tiene”.

Bajo el objetivo de hacer realidad los anhelos de todos, cuanto sea posible, Carlos J. García no entiende el ejercicio de la política ni del periodismo por separado. Cree en la relación directa existente, entre ambos, no cómo la peor relación posible -“estar al servicio de”-, sino desde su función comunicativa, lejos del control informativo y de la sumisión a determinados poderes económicos y empresariales. “La manera que tengo de entender la política es que, también está necesariamente pegada a la vida. A mí me parecía que me iba a permitir hacer aquello que yo había hecho siempre desde el periodismo”. Razón por la que decide dar un salto de trampolín y pasar a estar “al otro lado de la baraja”. “Yo sabía que era una decisión, probablemente, de las más importantes a las que me haya tenido que enfrentar en mi vida, por muchas cuestiones. Pensé en mi familia, pensé en mi profesión. Yo sabía que hay determinados pasos que pueden convertirse en irreversibles”.

La clave está en la comunicación. La comunicación, en general; porque, al final, las cosas hay que enseñarlas. La comunicación como herramienta de valor para alcanzar un fin honesto: hacer de nuestra sociedad, una sociedad mejor; hacer de nuestras ciudades, lugares en los que seamos capaces de vivir mejor. Quizá sea de formación profesional pero, para el nuevo alcalde de Grazalema, su faceta de comunicador no ha dejado de formar parte de su día a día. “Si fueron nuestros antepasados capaces de dejarnos el legajo de cómo era la vida en nuestros pueblos; hoy por hoy, que tenemos toda la tecnología al servicio de la comunicación, cómo no vamos a ser capaces de dejar testimonio de lo que se hace”. En ello, el papel que desempeñan los medios de comunicación es fundamental.

Alejado de tabúes, García no se esconde ni se anda con tapujos. Reconoce que, hoy por hoy tristemente, los medios de comunicación en nuestro país no están participados de profesionales ni de empresas con la capacidad de actuar de manera independiente. “Hay quien ha dicho que el Ibex está metido en los consejos de administración de las empresas de comunicación. Yo, estoy absolutamente de acuerdo”. Con un tono sobrio revela su decepción mientras, comenta la espectacularización en la que se ha sumido la política. “Hace unos años la telebasura era aquello a lo que denominábamos programas del corazón. Hoy, ya no vemos a la Pantoja pero vemos a los políticos dándose voces en la tele durante cinco o seis horas”. La decepción de un periodista que siempre ha contribuido a configurar una sociedad libre, que no maximalista. “Yo sueño con un tiempo mejor en el que seamos capaces de revertir determinadas leyes y, sobre todo, seamos capaces de decirle a la gente que sea libre”.

Apenado por el modo en el que la crisis ha afectado a este oficio y, aunque crítico con la situación imperante, tiene un rayo de esperanza. Desde un punto de vista optimista, entrega su confianza a la sensibilidad, cada vez mayor, de la gente joven para conseguir tener y vivir en un país mucho mejor. Un país sin complejos. Nuevas generaciones que tienen una “sensibilidad especial que, quizás, no han tenido generaciones anteriores porque no han tenido la posibilidad de formarse”. Entendiendo por sensibilidad, tener una capacidad crítica y una visión abierta del mundo y no, ser más o menos sensible, más o menos tierno.

Se está haciendo un flaco favor, bajo la necesidad de frenar una situación en la que periodistas y políticos, lo que hacen es puro espectáculo “sirviendo a no sé qué tipo de intereses”. Ahondando en la brecha, el alcalde asegura que nos encontramos con una sociedad desinformada, con una capacidad acrítica importante que, lo único que genera es que las sociedades no quieran cambiar ciertas situaciones por temor. “No soy yo quien pone a los malos en un sitio y a los buenos en otro. Cada cual, defiende un modelo de sociedad. Ahora bien, ¿quién defiende un modelo de sociedad, está permitiendo que toda esa sociedad tenga la capacidad crítica suficiente, que se consigue gracias a vehículos como la educación o la comunicación, de manera que la gente pueda ser libre?” Ante esto propone como única solución, la educación: “no me refiero a la educación pública, me refiero a los sistemas generales de educación. A lo que significa educación con mayúsculas, en un país, en un estado, en un continente, dónde sea”. En lo que valora que la política no está a la altura de las circunstancias. Con el ceño fruncido, se queja de una ideología interesada en que la educación no avance porque, “sencillamente, un pueblo menos informado y menos educado es mucho más dócil y, al final, evita cualquier tipo de historia”. Y es que, estamos sumergidos en un liberalismo feroz.

Dentro de unas siglas: Partido Socialista Obrero Español, desde que Carlos Javier asumiera la primera tenencia de Alcaldía en el año 2011. Se define “políticamente incorrecto” cuando manifiesta, abiertamente y sobre todo, defiende “un pacto de la sociedad”: “Hay que hacer un pacto donde estén implicados los agentes sociales, donde esté la gente, la comunidad educativa, los políticos. Un pacto en el que digamos: esta es la educación que queremos en nuestro país. Alejada de toda tentación aconfesional, de la política, de la creencia. Una educación libre que sea capaz de generar gente que defienda la igualdad de oportunidades. Gente libre, que es de lo que se trata. Una persona que sea absolutamente libre no está al dictado de nadie y tiene la capacidad crítica para saber en qué lugar del mundo está y qué lugar social ocupa”.

El compromiso es lo más importante, cuando se cuenta con la capacidad suficiente para generar nuevas oportunidades además, maravillosas. “Un pueblo que sale de la guerra y de la posguerra sin luz en las calles y sin agua potable para nadie, salvo para unas casas muy concretas. Llegan los años ochenta, llega la democracia y se democratiza la luz y el agua. Con esto te lo digo todo. Hemos sido capaces de democratizar en cuarenta años, todo; hasta tener una sociedad moderna con ciento veintitantas industrias en un pueblo de mil ochocientos habitantes”. Es el caso de su pueblo, de su Grazalema. Para Carlos J. García, un pueblo de luchadores comprometidos. Bajo su afirmación, “la política permite cosas”, interpreta básico y elemental ser lo más honesto posible, “contigo mismo, con el trabajo y con lo que uno representa”, para así, poder luchar y dejar de ser víctimas de una única idea imperante, de una situación absolutamente feroz, compleja y complicada que, nos sigue llevando a lo que siempre fue la lucha entre poderosos y menos poderosos.

Un amor incondicional hacia Grazalema, fue el principal motivo por el que decide meterse de lleno en un terreno desconocido. Desde la inexperiencia y con sus principios como cimientos de una nueva forma de entender la vida política llega, casi sin querer, a estar al frente de uno de los pueblos más bonitos de España. Grazalema, un municipio enclavado al noroeste de la provincia de Cádiz en la reserva del Parque Natural Sierra de Grazalema, del que lleva su nombre. Con una población en torno a los 1800 habitantes y el índice de pluviosidad más alto del país. “Una verdadera atalaya fronteriza; situada de un modo privilegiado al sur del sur, permitiendo divisar muchas de las altas montañas de otras zonas de Andalucía, además de atisbar las zonas más altas del norte de Marruecos. Histórico cruce de caminos, tierra de románticos bandoleros, sierra abrupta capaz de imprimir unos caracteres sociales animosos, tenaces, recios… la Sierra de Grazalema, es un lugar mágico”. Revela el alcalde que, trepar hasta los picos más altos o perderse en sus inmensos valles, le genera una especie de extraña pero bella agorafobia que le atrapa a la vez que le libera. “Me hace sentirme cerca de quienes patearon estos territorios por motivos bien distintos durante siglos y siglos antes; me ayuda a intentar comprendernos mejor”. Reconociendo que cada día intenta buscar algún tiempo, “por poco que sea el hueco”, para pasear por los exuberantes entornos y las majestuosas montañas de Grazalema. Es la unión de sus dos pasiones: la naturaleza y su lugar de origen, el germen de su deber con los grazalemeños.

Una llegada a la Alcaldía absolutamente casual. Hubo quien supo adivinar un poco, dentro de sus circunstancias, si reunía los méritos y condiciones, o no, de poder asumir una tarea tan importante y relevante como la que a día de hoy, desempeña. Dos argumentos muy sencillos serían los que conseguirían convencer a todos aquellos que depositaron su confianza en aquel joven: el cariño a su pueblo y la manera en que entiende la política, pegada a la vida. “Todo lo que les dije en aquella carta a mis vecinos, lo dije con total tranquilidad y honestidad. Todo era verdad”.

Lejos de saber que ganaría las elecciones, más allá de que hubo muy buenas sensaciones cuando decidió dar el paso, tuvo que hacer un ejercicio de argumentación consigo mismo: “El primero en tener que enfrentarme a esa realidad, fui yo. Me tuve que autoconvencer y decir bueno, esto ¿cuánto me va a cambiar la vida?, ¿se relaciona, realmente, con lo que yo he querido hacer siempre o no?, ¿tiene que ver? Y al final, lo tuve muy claro. Sencillamente, si hacía esto era por el pueblo”. Un joven implicado con su pueblo que siempre ha intentado participar en muchas cuestiones. Partícipe en asociaciones juveniles tanto como en asociaciones culturales o servicios públicos. “Me apetecía, me gustaba. Por ejemplo, cuando se inició la ludoteca, allí estuve yo también y, hoy por hoy, sigue siendo un servicio importante en un pueblecito pequeño como el nuestro”. Para Carlos Javier García, solo era un paso más al que se tenía que enfrentar.

img_3242-carlos-j-garcia-rEl afecto hacia su pueblo nunca ha dejado de estar presente. Después de que el periodismo le hiciera estar durante muchos años fuera de Grazalema, “entre una historia y otra, estuve diez años fuera del pueblo”, forma familia y decide volver. Se dice que uno siempre vuelve a los viejos sitios dónde amó la vida y, para este devoto de la Serranía grazalemeña, no podía ser de otra manera. “El cariño a Grazalema lo he llevado siempre por allá por dónde he estado. Y no es una frase hecha, es que es verdad, soy muy grazalemeño”. Hablar de Grazalema con su alcalde es escuchar un sinfín de adjetivos cargados de admiración y entusiasmo y ni qué decir tiene, si se le pregunta por su historia y sus gentes. Encontrando la forma de ponerle palabras a lo que siente en su corazón, un alcalde sonriente, con los ojos vidriosos y las manos entrelazadas, se sincera: “Está la parte incontrolable que es la más emocional, la que está dentro. Nací aquí; me críe aquí, en casa de mis abuelos; crecí en estas calles… Recuerdo que cuando estaba fuera y venía, veía las piedras, veía la teja… y qué te voy a decir, lo que te entraba. ¡Hasta el frío te gusta! Llegaba y olía la chimenea y a mí, me olía a Navidad. Todo eso que es incontrolable, que te gusta, que tienes y que valoras aún más cuando estás fuera”. Y luego está la otra parte. La parte en la que se configuran tus juicios de valor, sobre algo, a raíz de lo que aprendes, de lo que conoces y de lo que eres testigo; la parte racional. “Grazalema tiene algo muy bueno, que es su gente. Yo siempre lo he dicho, la gente de Grazalema es gente que siempre ha tenido que trabajar muy duro. Probablemente como en otros lugares pero aquí, en unas condiciones muy especiales. Ha sido un pueblo que ha sabido reinventarse a sí mismo, que se ha situado en el mapa y que, hoy por hoy, emplea buena parte de su población enseñando lo bonito que es y el lugar en el que se encuentra, con méritos propios y méritos sobrevenidos”.

Es verdad que en los pueblos existe el típico rumor, que si uno dice, que si otro calla; afianzando la creencia de que no se puede tener ningún tipo de intimidad. Pero, quizá su historia, su ubicación geográfica o simplemente, la suerte, han hecho de Grazalema y sus gentes, lejos de tópicos, la nobleza. “Yo defiendo a la gente de Grazalema como gente luchadora; porque si en todos los sitios hace unas décadas se pasó muy mal, en mitad de la montaña, sin apenas comunicaciones, sin apenas servicios… y en mitad de la montaña, de verdad. Porque no es lo mismo vivir en la campiña con mucha abertura visual que vivir entre montañas; montañas que forman una barrera física real. Al final, eso ha generado cierta nobleza. Nos llevemos mejor o peor con el vecino pero, la gente del pueblo cuida de la gente del pueblo. Y eso, insisto, yo lo definiría como nobleza”. Gente amable que, a pesar de haber estado escondida detrás de las montañas, es capaz de sostener una pujante e importante industria turística.

Algo que siempre tuvo muy claro este joven grazalemeño era que, quería que sus hijos crecieran en el pueblo que a él le vio crecer; más allá de que en un futuro les anime a que conozcan mundo. “Los valores de los pueblos siempre me han gustado para la crianza de los niños”. Sus dos hijos, Manuel Carlos y Juan Francisco, “se están criando en Grazalema porque estoy seguro que así serán unas maravillosas y buenas personas. Es cosa de los pueblos; y también de las montañas”.

Entre halagos, su nuevo alcalde no olvida dejar entrever el urbanismo del municipio; una vez más, pone a su pueblo por delante. Aunque, tampoco puede ser de otra manera cuando todo un pueblo va de la mano; cuanto menos, presumir: “No exagero si digo que somos uno de los ejemplos, en toda España, de un urbanismo hecho por y para el entorno en el que nos encontramos. Hemos sabido respetar hasta la extenuación lo que es la manera típica de construir en Andalucía, en estos pueblos. Tenemos, probablemente, una de las normas urbanísticas más restrictivas de cuantas existan en toda la comunidad y eso, has ido mérito por un lado, de los políticos que, a veces, somos muy caprichosos pero, sobre todo, de la gente. Porque la gente podría haber sido contestataria y haber dicho: no nos gusta, no queremos. Sin embargo, la gente vio que era bueno y fue capaz de tener esa clarividencia de apostar por un modelo en concreto y ese mérito es, por supuesto, de las personas de Grazalema”.

Apostando por mejorar las condiciones laborales, invirtiendo en eventos de todo tipo y reinvirtiendo la riqueza que se genera, por igual, impulsa un cambio en las conciencias pero, con paciencia. “Hay algo que nos ocupa y nos preocupa y tiene que ver con la capacidad de diversificar la economía y ahí, estamos intentando trabajar. Es complicado, porque las mentalidades no cambian de un momento a otro. Al final, las semillas se siembran y tardan años en germinar”. Aprovechando las condiciones sobrevenidas y las conseguidas, el alcalde de la localidad se mantiene fiel a sus principios y a sus objetivos; luchando por mantener los logros, “logros que no son para siempre. Tal y como se anda, se desanda. Tal y como vamos hacia adelante, podemos ir hacia detrás muy rápidamente. Hay que ser conscientes” y, por alcanzar lo que aún no se haya conseguido. Lo principal: crear y mantener unas condiciones de vida a la altura de lo que un pueblo como Grazalema se merece.

Más allá de todas las cuestiones internas que dependen del corazón, existen esos méritos tanto como muchos otros. Carlos ‘el de la radio’, no tiene más que decir que, “mi pueblo es muy grande”. Un pueblo que ha abierto sus puertas de par en par y le ha dicho a la gente: “si queréis conocernos, venid a vernos que esto es maravilloso”.

De carácter constante, comprometido y honesto. Ha tenido la suerte de trabajar siempre, desde que se licenció, ejerciendo la profesión que adora. Trabajó en numerosos medios locales y comarcales, así como en otros más reconocidos, como la Cadena SER o El Correo de Andalucía. Es en el año 2014, cuando decide aparcar su dedicación periodística y presentarse como candidato a la Alcaldía del pueblo al que adora, consiguiendo la victoria en las elecciones celebradas en mayo de 2015. Afirma que cree en la política porque cree en las personas y, la concibe como el lugar en el que gente muy diversa puede unirse para defender todo aquello que comparte; para luchar por causas comunes y hacer que las cosas cambien.

Fotografías: Cristina GarcíaFrancisco J. Moreno

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